“Vinimos a pasarnos todos los pueblos”, dice el cartel inmenso. Lo sostienen entre varias y todavía hay aire entre ellas en la Plaza del Congreso. Dentro de una hora no entrará ni un alfiler, algo similar a lo que sucedió 11 años atrás cuando nació en este país la consigna “Ni Una Menos”. Esta vez, inesperada, masiva, con dolor y con la insistencia de imponer un “basta” que despliega todo tipo de significados: contra los femicidios y con un desprecio explícito al gobierno antifeminista de Javier Milei. Una llamada desde la rabia después de tres femicidios -el de Agostina en Córdoba, el de Dulce María en Misiones y el de Noelia en Temperley- que vuelve a poner en la conversación pública un límite a la violencia de género que la extrema derecha no logra torcer.


