Antes de pasar a la clandestinidad, el “Manuel Adorni” del entonces presidente Mauricio Macri era un jovencísimo Marcos Peña, que solía manejarse con igual pedantería que el vecino deslomado de Indio Cuá, hasta que el Día de los Santos Inocentes del 2017, al encabezar la conferencia de prensa que aceleró la corrida que volvería a poner de rodillas a la Argentina ante el FMI, comprendió que la política tenía momentos demasiado estresantes para la vida que quería.



