El entorno actual, marcado por retóricas discriminatorias y la carencia de medidas inclusivas, está consolidando la violencia y el rechazo hacia los grupos vulnerables en el país.

Los mensajes de intolerancia que circulan en la esfera pública están generando un clima propicio para que la agresión contra las minorías sea percibida como algo habitual, sin que exista una respuesta contundente por parte de las autoridades.

Ante la falta de políticas que promuevan la igualdad y la protección de los derechos humanos, la discriminación se vuelve más visible y aceptada, incrementando el riesgo de actos violentos contra personas pertenecientes a colectivos históricamente marginados.