La única industria que funciona a pleno en la fase terminal del gobierno de los Hermanos Milei es la que produce escándalos en serie, algunos de corrupción, muy severos. Otros, desopilantes. Materia prima, sobra. El presidente de la Nación es capaz de repostear un tuit de Lilia Lemoine hablando de una supuesta amante de un sindicalista gastronómico, aparentemente una legisladora exoficialista –no queda claro, es gente en franco combate con la lengua de Cervantes-, a la que acusa de estar llamando a funcionarios de La Libertad Avanza “para llenarles la cabeza para que destruyan a sus ex”, además de “las amenazas que han recibido varios diputados y referentes de haber sido grabados en sus despachos”, todo indica que para extorsionarlos. Lo críptico del mensaje, en este caso, no quita que sugiere una indecencia.



