
A diferencia de la Argentina, que en cálculos paralelos a los de Indec está peor en la prepandemia, otros países lograron reducir la cantidad de pobres con crecimiento económico basado en servicios, consumo, exportación e industria, con una política de salario mínimo, ampliación de las ayudas sociales y mejor cobertura de educación y salud.
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El gobierno de Javier Milei logró reducir, según el Instituto de Estadística (Indec), la pobreza del 40% heredado en el primer semestre de 2023, el último completo del peronismo, al 32%, menor al 35% del 2019 prepandémico. Pese a la suba de la primera mitad de 2026, aún puede jactarse de una baja. Claro que si se aplicara otra metodología más precisa y actualizada para medirla, la merma sería a alrededor del 38%, según coinciden las estimaciones preliminares de expertos del Centro de Estudios Distributivos (Cedlas) de la Universidad de La Plata, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Es decir, sólo 2 puntos porcentuales de merma respecto de 2023 y tres puntos arriba de 2019.
Otros países, en cambio, han logrado disminuir la pobreza respecto del nivel previo al salto que produjo el Covid-19 y las consiguientes cuarentenas. No son muchos en el mundo que lograron ese desempeño, la mayoría mejoró respecto del drama de 2020. Entre los pocos figuran Brasil, México y China. Ninguna de estas tres potencias usaron la receta libertaria de Milei.
Si se toma como referencia la estadística de pobreza del Banco Mundial sobre la cantidad de personas que sobreviven con menos de US$8,30 por día, ajustados por paridad de poder de compra, la Argentina se mantuvo en 14% entre 2019 y 2024, último dato disponible, mientras que México la bajó del 34% al 20%; Brasil y China, del 27% al 20%; Indonesia, del 69% al 62%; Honduras, del 53% al 48%; Paraguay, del 24% al 19%; El Salvador, del 33% al 28%; Costa Rica, del 15% al 9%; Chile del 8% al 4%; Colombia, del 40% al 36%; República Dominicana, del 17% al 13%; Vietnam, del 23% al 20% e India, del 69% al 62%.
Leopoldo Tornarolli, economista de Cedlas
“Son países que hicieron políticas diferentes, pero lo común es que todos crecieron”, se refiere Leopoldo Tornarolli, economista del Cedlas, sobre los casos exitosos de Latinoamérica en esta década. “Se recuperaron de la caída de la pandemia y después siguieron creciendo. En políticas sociales hacen transferencias directas de ingresos, como la Argentina”, agrega.
Pero enfoquémonos en los ejemplos de los países que más puntos porcentuales redujeron la pobreza: México, Brasil y China. En el caso de México, bajo el anterior gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sucedido por su correligionaria Claudia Sheinbaum, la mejora fue más por ingresos laborales que por ayudas sociales, aunque se destacó la Pensión para Adultos Mayores. Al igual que en Brasil, en el país latino de América del Norte influyó la suba del salario mínimo, a contramano de la Argentina de Milei, donde cada vez se licúa más y pierde el valor de referencia para el mercado.
En México, la economía creció de la mano de los servicios, pero también de las inversiones industriales. El llamado nearshoring, la deslocalización cercana, consistió en la radicación de fábricas en territorio mexicano para abastecer a EE.UU., en lugar de hacerlo desde China, dada las barreras que los gobiernos de Donald Trump y Joe Biden impusieron al gigante asiático. Al plan de atraer industrias que antes se instalaban en Asia, López Obrador y Sheinbaum sumaron las políticas salarial y social, el proteccionismo frente a los productos chinos y el Estado presente en el negocio energético. Se les cuestiona por los déficit fiscales, al igual que a Luiz Inácio Lula da Silva, pero sin llegar a los niveles del peronismo en la Argentina.
Sheinbaum y Lula.
En Brasil, con el regreso al poder de Lula en 2023, se reestructuró y amplió el plan Bolsa Familia. Pero además de la asistencia social, la mejora salarial y la menor inflación redundaron en un progreso, combinado con una economía que creció por el agro y el consumo y, en menor medida, por los servicios y la industria. Al igual que México y en contraposición a Milei, el socio mayor del Mercosur despliega una política a favor de la producción de manufacturas. El desempleo descendió, a contramano de la Argentina. De ahí a que este buen desempeño se traduzca en reelección de Lula el próximo domingo frente a Flávio Bolsonaro es otro cantar: influye la polarización política, la corrupción a ambas bandas pero también problemas económicos como el alto endeudamiento, las altas tasas de interés, una actividad que se expandió sólo 1,9% y una inflación del 4,2% anual pero con presiones al alza.
En China, con un régimen de partido único, entre 2019 y 2020 se terminó la campaña para eliminar la pobreza rural, con una polémica relocalización de pobladores de zonas remotas en complejos urbanos y desarrollo industrial Entre 2021 y 2025 comenzó un plan para administrar la vulnerabilidad a largo plazo, identificando a los hogares con riesgo de ser pobres, con cobertura médica básica para que las enfermedades no empeore la economía familiar y con mecanismos para que los niños no dejen la escuela. En 2026, se pasó a un nuevo programa de asistencia permanente y focalizada, con transferencias y empleos del Estado.
El crecimiento chino, que ya no es tan potente como en el pasado, dejó de concentrarse en la construcción y el sector inmobiliaria y ahora se basa en manufacturas avanzadas, desde autos eléctricos y baterías hasta equipamiento de energías renovables, siempre con crédito estatal y apuntando a la exportación. También se enfoca en la alta tecnología. El gigante asiático ya no crece al 9% anual, como en las décadas en que despegó desde los 80, pero su expansión es aún mayor que la de Brasil o México: 8,6% en 2021, tras la pandemia; 3,1% en 2022, y alrededor del 5% de 2023 a 2025. La economía brasileña creció en ese periodo 4,8% en 2021, 3% de 2022 a 2024 y un moderado 2,3% en 2025. La mexicana mejoró aún menos: 6% en 2021, 3,7% en 2022, 3,1% en 2023, un flojo 1,4% en 2024 y todavía peor 0,6% en un 2025 de estancamiento.
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