Cada cuatro años el fútbol detiene el mundo. Durante un mes, millones de personas reorganizan horarios, conversaciones, rutinas y afectos alrededor de una pelota. Se suspenden reuniones, se modifican agendas laborales y escolares, los bares se llenan y las calles se vacían durante noventa minutos. Un Mundial no es solamente un evento deportivo: es un enorme acontecimiento cultural y emocional.