La desmesura y el romanticismo –en otras posibles palabras, el melodrama– han sido marcas de estilo en una porción importante de la filmografía de Arnaud Desplechin, el cineasta francés cuyo nombre comenzó a sonar con fuerza a comienzos de la década de 1990 con títulos como La vie des morts, su breve ópera prima, El centinela y, sobre todo, Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), film-río de tres horas de duración estrenado en Cannes en 1996 y protagonizado por unos jóvenes Mathieu Amalric y Emmanuelle Devos, esta última actriz fetiche del cineasta durante su primera etapa. Ya en el nuevo milenio, Reyes y reina (2004), una de sus grandes películas, confirmaba el talento del realizador –que este año cumplirá 66 años– para retratar conflictos interpersonales que, en tantas ocasiones, tienen origen en el interior más profundo de sus criaturas. El estreno local de Dos pianos, su largometraje más reciente, luego de varios años sin pisar las salas de cine de nuestro país, permite reencontrarse con un creador de relatos intensos, historias que no temen meterse en territorios complejos sin miedo a hacer el ridículo o a abandonar el así llamado “realismo psicológico” para ahondar en las emociones y sentimientos más inflamados.

