Lo de La Barra Kone es fascinante: un barra cevichera preciosa, escondida dentro de LH, una galería comercial de Once que supo ser ejemplo de la moderna metrópoli porteña de los años 60. Se trata de ocho pisos de altura y seis escaleras mecánicas capaces de llevar a siete mil personas por hora: en su inauguración esta galería fue llamada como un “coloso arquitectónico” y contaba con un enorme mural, de 29 metros de largo y 15 de ancho, diseñado por el genial artista cinético y lumínico Gyula Kosice. Hoy, este espacio está en gran parte abandonado, pero el mural sigue ahí, resiliente, tan sólo hace falta levantar la vista para encontrarlo. En la planta baja, los locales comerciales están destinados a las colectividades inmigrantes latinoamericanas: empresas de envíos de dinero, agencias de viaje, almacenes con productos regionales. Y, en el medio, La Barra Kone, puro brillo y vida, dando de comer a buenos precios y con ricos sabores.



