Las cadenas productivas de la provincia de Buenos Aires, con el cordón industrial del conurbano como emblema de la generación de empleo, sufren un retroceso generalizado que se agravó con la apertura importadora y el desplome del mercado interno. En la última década, el comercio y las actividades financieras comenzaron a ocupar cada vez más espacio en zonas fabriles, reconfigurando las formas de organización social previas.



