El fenómeno de la morosidad y el sobreendeudamiento dejó de ser un problema financiero individual para convertirse en una problemática social de carácter estructural. En ese contexto, las mujeres se llevan la peor parte. La expansión del crédito a través de billeteras virtuales y otros proveedores no financieros amplió el acceso al financiamiento para sectores históricamente desbancarizados, pero también expuso a nuevos riesgos a quienes cuentan con ingresos más inestables. Las mujeres que encabezan hogares con responsabilidades de cuidado presentan mayores niveles de endeudamiento y una exposición más alta a situaciones de vulnerabilidad financiera. En los sectores populares, además, las dificultades para afrontar las deudas suelen trasladarse a la vida cotidiana, generando situaciones de estrés que afectan tanto la organización familiar como las tareas de cuidado.