El Gobierno aceleró en las últimas horas el panfleteo de una reelección de Javier Milei en 2027 exponiendo, casi sin eufemismos, que le preocupa qué es lo que pueda pasar en la votación presidencial del año próximo en todo el país. Hasta se puso como meta obsesiva la eliminación de la PASO y la instauración del modelo de colectoras, emblema histórico de la casta que dice combatir. Ese apuro por mostrarse con chances en el marco de una economía micro muy dañada y –de mantenerse el dólar congelado- más dañada a futuro, expone una debilidad que, de todas maneras, están dispuestos a ayudar a compensar aliados estratégicos muy fuertes que tiene el Ejecutivo. El Fondo Monetario (FMI) decidió instalarse en estos meses en el país como una especie de jefe de campaña del oficialismo, con una serie de acciones políticas que ameritan una mirada y que dan la pauta de que, aún más allá del resultado de las legislativas de noviembre, el gobierno de Donald Trump estaría en condiciones hipotéticas de producir nuevos rescates financieros al país. Una de esas acciones es la visita de Kristalina Georgieva, que llegará al país a fines de julio; las otras, reuniones con el Círculo Rojo argentino para bajar la línea de que el gobierno está ordenado políticamente, que la crisis que se esgrime popularmente no existe y que la oposición no se rearma. Y que en el caso de que el tiempo logre el cometido de la unión opositora, ninguno de esos opositores encarnará una fuerza que sostenga el ajuste libertario.


