Había gente que pasada media hora larga de la remontada seguía con los brazos levantados. Personas que no podían pasar por la puerta de salida, que no podían ingresar a sus vehículos. Alguien, incluso, cuando el sol decidió marcharse seguía todavía arrodillado frente a la pantalla gigante del clásico bar rosarino que cruzando la calle acompaña al imponente Palacio Fuentes. ¿Habrá sido un intento de sutil mufa o un riesgo desmedido la elección de la locación? Rosario/12 vivió el cruce Argentina-Egipto en el bar El Cairo y debió atenerse a las consecuencias.


