Escribir en caliente reduce la mirada periférica cuando se analizan los hechos. Las pulsaciones están a mil, se empieza a sudar, la sangre fluye con más fuerza, las vísceras parecen salirse del cuerpo. Las emociones se vuelven incontrolables y la templanza no gobierna. El fútbol es una pasión que tiene la facultad de enceguecer, de tirar la corrección política al basurero, de decir palabras filosas y sin sentido. Como también de transmitir energía contagiosa, provocar el abrazo con un desconocido o sacar lo peor de cada uno.