Una joven de un pueblo rural descubre, en varios episodios, la magia de la gran ciudad que la impulsa a perseguir su sueño artístico.
La historia típica de una chica que abandona su entorno provincial para buscar una vida de artista suele mostrarse con un único momento revelador: la primera vez que presencia un espectáculo deslumbrante en la capital. Sin embargo, mi propia experiencia, forjada entre los campos de Tandil y la Escuela Granja, se desarrolló de forma fragmentada.
Allí aprendimos a ordeñar, a elaborar queso y a limpiar la porqueriza, mientras las largas tardes se pasaban tomando mate para resistir el frío. Regresaba a casa cubierto de barro, con el aroma a estiércol y humo, y siempre llevaba en el bolsillo una carta sencilla escrita por un chico de bombachas, alpargatas y boina. Cada regreso marcaba un pequeño encuentro con la fascinación que, poco a poco, fue transformando mi vida.



