A esta altura, cuando ya se conocen detalles del salto en el estilo de vida de Manuel Adorni a partir de su llegada a la Casa de Gobierno con Javier Milei, da la impresión de que se engolosinó con cada cosa que compraba y cada viaje que hacía. Todo nuevo, todo de lujo, cuanto más caro mejor. Cuando la cascada parecía insuperable, aparecieron el monitor gamer y los proyectores. Pero no fue todo: el exfuncionario generó mecanismos que parecen diseñados para disimular la autoría de sus gastos extremos (mientras se burlaba de las personas con discapacidad, los jubilados y tantos sectores vulnerados). La secretaria que prestó su nombre para la facturación de las sábanas y sommiers por más de 8 millones de pesos reveló este miércoles ante la fiscalía, además, que a pedido de Adorni le pagó un lavavajillas y un lavarropas con su tarjeta de crédito y él le devolvió el dinero en efectivo. Otro testigo contó algo similar.



