Sin milagros. Al resultado esta vez se le antojó ser justo. Sobró entrega y sacrificio hasta el final. Cayó un campeón. No obstante, contradiciendo el espíritu del juego y las órdenes que dicta la pasión del hincha, es extraño pero la derrota no duele. Por supuesto que jode, pero no lastima. El resultado lo intenta y no lo logra. Sentimos desde el televisor esa impotencia futbolística que nos transformó casi en extra de la película, pero lo hicimos con la entereza de un grupo que siempre fue por más. Dieron todo y somos nosotros los que estamos en deuda, después de la épica y el orgullo que salió a la cancha ante Cabo Verde, Egipto, Suiza y fundamentalmente Inglaterra.