De todo lo que se ha dicho de manera previa, con mayor o menor motivo, con prejuicio y tonterías, poco o nada afecta al estreno de una de las películas más esperadas. Y eso es algo que ya no ocurre ni forma parte del cine contemporáneo. Que un estreno sea un acontecimiento no es habitual, y La Odisea lo ha logrado. Algo que, por lo general, consigue el cine de su director, Christopher Nolan. Es decir, pensar al cine como un gran espectáculo, para ser apreciado en la pantalla inmensa de una sala, no es algo que preocupe al mundo audiovisual de estos días; pero sí a Nolan. Y más allá de cuánto pueda gustar o no su cine, y si lo suyo es o no un gesto nostálgico y anacrónico, lo también cierto es que ver cine en el cine continúa siendo uno de los placeres mayores y más pertinentes para lo que se entiende, todavía, como una “película”.