David Gruber inició su carrera, variopinta hasta extremos difíciles de creer, estudiando el pez ronco de rayas azules frente a las costas de Belice. Era estudiante, y su trabajo consistía en rastrear los peces por la noche. Navegaba orientándose con las estrellas y dormía en una tienda de campaña en la playa. “Fue como un sueño”, recordaba hace poco. “No sabía lo que estaba haciendo, pero estaba actuando como pensaba que lo haría un biólogo marino”. Trabajó después en Guyana, cartografiando parcelas forestales, y en Florida, calculando cuánta agua haría falta para restablecer los Everglades. Escribió una tesis doctoral sobre el ciclo del carbono en los océanos y se hizo profesor de Biología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Por el camino, se interesó en las proteínas fluorescentes verdes, sintetizadas de manera natural por las medusas, pero que, con un poco de edición genética, pueden ser producidas por casi cualquier ser vivo, incluidos los seres humanos.



