Después de veintiséis años el fujimorismo podría volver al gobierno, con toda la carga autoritaria que eso implica. En su cuarta postulación a la presidencia, Keiko Fujimori, hija y heredera política del fallecido dictador Alberto Fujimori, se acerca al poder cuando falta contarse menos del dos por ciento de los votos, que corresponde a las actas observadas que están siendo revisadas antes de incluirlas en el cómputo final. Un proceso que avanza lento. La distancia entre la ultraderechista y el progresista Roberto Sánchez es de apenas doce mil votos sobre más de 18 millones, lo que no permite definir un ganador una semana después de las elecciones más reñidas en la historia del país. Pero, con una distribución de actas observadas por contarse mayoritariamente de Lima, donde la derecha gana con el 63,51 por ciento, la tendencia en este conteo final favorece a Fujimori.



