La escena roza el surrealismo ilustrado. Un vocero oficial, Adrián Ravier -sucesor natural del cinismo retórico de Manuel Adorni-, se para frente a los micrófonos de Casa de Gobierno para explicar, con la impavidez que confiere un sueldo estatal bien cotizado, que si usted no llega a fin de mes y se ve obligado a reventar su tarjeta de crédito para comprar un paquete de fideos, la culpa no es de la devaluación inducida ni de los tarifazos salvajes que pulverizaron su salario.