La partida del Indio Solari desbordó todo lo imaginable en una sociedad que parecía algo adormilada. Superó sin dudas la pasión ricotera y abrazó a un país entero. Superó el marketing del individualismo y los vínculos hilvanados por algoritmos. Como hongos después de un diluvio, los sentimientos más puros se soltaron por todos los poros de una sociedad castigada.