Ser un joven científico en Argentina es una misión casi imposible. Como la fuga de cerebros se da por goteo, pareciera que no sucede, pero todo lo contrario. Basta con recorrer los laboratorios del país para notar cómo se consolida esa sangría de recursos humanos hipercalificados que deciden otro rumbo para sus vidas al ver las pocas chances de continuar con sus carreras en la Argentina de Javier Milei. Además de los despidos, la falta de fondos y de convocatorias que permitan subsidiar los trabajos, la última gran estocada que dio la gestión libertaria fue la no renovación de las becas doctorales de 379 jóvenes científicos. En otras palabras, fueron despedidos por las autoridades del Conicet, que invocan lo de siempre: “Necesitamos cuidar el déficit fiscal”. Un mantra que no aplican para otras áreas, como el campo o inteligencia.