Como el especialista que ha diagnosticado delirio para tranquilizarse fijando la verdad en un lado y la falsedad en el otro, los medios diagnostican “conspiranoia” para borrar las huellas del malestar en Argentina que, por ahora, sólo parece manifestarse en el fútbol. El trapo gritando que “Las Malvinas son argentinas” parece haber sacudido el estado soporífero en el que la patria naufraga desde 2015. Macri se apresuró a decir que los jugadores habían hecho una de más y Cancillería fue a pedir perdón a la embajada británica.