El sistema de salud parece estar configurado para que las mujeres sufran: cuando buscan quedar embarazadas y atraviesan tratamientos de fertilidad, cuando paren o son sometidas a cesáreas —muchas veces innecesarias— y, también, cuando deciden no quedar embarazadas. Cada una de estas instancias conlleva dolor físico y psíquico. En muchos casos, ese padecimiento podría evitarse o al menos disminuirse. La información existe, pero son pocos los médicos que se toman el tiempo de explicarle a la paciente cómo funciona —en este caso— el dispositivo intrauterino (DIU) en todas sus versiones. Desde la colocación hasta la extracción, el procedimiento puede dejar huellas físicas y emocionales en quienes deciden no ser madres.



