Solemos simplificar el pesadísimo costo de la impunidad del “poder real” intentando convencernos de que existe una Argentina amnésica. Un país que padece la imposibilidad del recuerdo, aun de hechos imposibles de traspapelar en la memoria, porque nadie puede eludir las marcas en la piel que llevamos ante la falta de trabajo, la pobreza y el hambre. Acusan a este territorio supuestamente gobernado por el olvido de perdonar culpables y condenar inocentes, porque increíblemente nunca queda “documentado” el ilícito.


