Se recuerda a los cuatro años, en la arena de uno de aquellos recreos de la costa del río, en San Isidro. Era verano, la familia se instalaba en la casa natal de su madre. La gente la rodeaba, aplaudía y su nona la ponía “a resguardo” porque temía que alguien se la llevara. A esa edad, Ángela Irene ya sabía que quería ser cantante. A los doce se subió al primer escenario, con una orquesta que animaba los bailes en La Pampa, donde cantaba en italiano los éxitos del Festival de San Remo, hasta que en plena adolescencia descubrió el Nuevo Cancionero y poco después comenzó a cantar folklore, con un guitarrista.