Yo tan solo veinte años tenía cuando crucé, por primera vez, el umbral de la casa de Axel Krygier, en el barrio porteño de Colegiales, para entrevistarlo para La García. Era una revista de rock que, casi en oposición a “la” Rolling Stone, había anticipado –a fines del milenio pasado– la estética nac and pop de la década ganada. Axel no era un rockero, aunque había tocado con Soda Stereo y La Portuaria. Y Luca Prodan –esto lo supe muchos años más tarde– lo había elogiado después de cruzarlo en los estudios de Radio del Plata, donde Tom Lupo conducía Submarino amarillo, mítico programa de los años 80. Esa tarde, en el equipo de música de Axel sonaba Vince Guaraldi, el pianista que había compuesto la banda sonora de los dibujitos de Snoopy. Como el jazz había sido la banda sonora de mi infancia, lo sentí como un buen augurio.