Este miércoles, después del soñado triunfo de Argentina sobre Inglaterra, no me podía dormir. No era ansiedad futbolera, era otra cosa. Esa sensación que aparece cuando la historia vuelve a tocar la puerta. Seamos honestxs: Argentina contra Inglaterra nunca será un partido más. Nos podrán pedir que lo vivamos como un simple espectáculo deportivo, que no llevemos imágenes de las Malvinas a la cancha, pero hay cosas que el corazón no negocia. Las Malvinas no son un recuerdo archivado, sino una herida abierta que aprendimos a llevar con dignidad. Está en nuestros héroes, en sus familias, en los que nunca volvieron y en los que todavía esperan justicia.



