La multitud indescifrable insistió ahí, otra vez, a los pies de La Patria Abanderada. Las luces de la Torre del Monumento reforzaron el ímpetu de las banderas y las camisetas, rebotaron el eco de las bocinas, los rumores del pogo, de los cantitos, de la avanzada transeúnte en manada por las calles: la fórmula del éxito fue aplicada por primera vez también en la derrota.