Alguna vez, hace muchísimos años, me preguntaron a qué me quería dedicar y respondí que me gustaría ser como Éric Rohmer y pasarme la vida filmando a muchachas en bikini. Era una provocación algo cínica, pero del todo sincera. “Vamos al amor”, dice una canción de Astrud que siempre me ha parecido muy gráfica sobre estas mismas cosas. ¿Qué cosas? Los enamoramientos, así, en plural. O mejor: los enamoramientos con vocación veraniega pero sin verano, si es que algo así pudiera existir.