¿Qué ocurre cuando el país anfitrión de una Copa del Mundo es el primero en promover políticas de segregación? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de la FIFA cuando quienes participan del torneo son víctimas de prácticas discriminatorias? ¿Y cuánto conserva de verdad la idea según la cual el Mundial es uno de los pocos escenarios donde los países subordinados pueden desafiar a las grandes potencias?