Desde que la foto de Bettina Angeletti in fraganti en el Ohel (como se conoce a la tumba del Rebe de Lubavitch, en el cementerio Montefiore de Nueva York) lo puso a dar explicaciones, Manuel Adorni no paró de echarse tierra encima. Sus apariciones públicas para intentar aclarar primero sus viajes, luego sus propiedades y más tarde el total de su fortuna quedaron casi siempre en offside respecto de los avances de la investigación judicial, lo que declaraban los testigos en el marco de la causa o con su propio archivo de entrevistas y de publicaciones en redes sociales.