Para concebir su segundo disco, la joven Sara Azul Froján, conocida como Saramalacara, se fue muy lejos de casa. A la pletórica e indolente ciudad de Los Angeles, para ser más exactos. Aunque el disco lo tituló como su barrio argentino: Mataderos. Un barrio donde flota el olor ensangrentado de los frigoríficos, las casas bajas y el sonido de la barra de Nueva Chicago. El asunto fue grabado cuando el sello Interscope, –el de Eminem, Kendrick Lamar y Lady Gaga, por nombrar algunos–, tocó a su puerta, con tanto interés que aceptó casi un año de negociaciones donde fue ella la que puso las reglas.


