Están los que siempre usan la misma camiseta y están los que se sientan siempre en la misma posición de la mesa; los que prefieren encerrarse en sus oficinas y ver los partidos en soledad y los que necesitan del ritual compartido para diluir las tensiones; los que se colocan cintitas rojas de la suerte, los que se persignan y los que reenvían sin parar cadenas por WhatsApp de jugadores contrarios congelados: una especie de brujería chistosa para inmovilizar al oponente. Este domingo Argentina juega otra final de la Copa del Mundo y ni siquiera los científicos y las científicas, posiblemente los sujetos más racionales que existen sobre la Tierra, son ajenos al asunto y hacen de todo por ganar. Incluso, aplican sus propias cábalas y artilugios varios.


