Niki tiene un oído perfecto. Pero además tiene una memoria prodigiosa, y es capaz de recitar el acorde de la ópera Electra de Richard Strauss sin equivocarse en una nota. Y si bien podría haber sido un eximio concertista, es afinador de pianos bajo la venia de su maestro, el gran Harry Horowitz. Melómano y conocedor del jazz, Harry es capaz de reconocer los ritmos de Kenny Barron o Tommy Flanagan, pero también se resiste a cumplir con la dieta que le dio el médico, a tomar la medicación o usar los audífonos. Juntos recorren Nueva York en una van, atienden clientes adinerados con pianos exhibidos como decoración, discuten sobre la cantidad de mercurio que contiene un atún grande, y comen hamburguesas como secreto ritual de transgresión. Hasta que un día, un día como cualquier otro, otro don asoma para el virtuoso de Niki: su oído perfecto le permite abrir la caja fuerte donde Harry había encerrado los audífonos y olvidado la combinación. ¿Casualidad o destino?