La voz de Sílvia Pérez Cruz embelesa cuando canta y cuando habla. La luminosidad de sus sílabas llega intacta aún a través del audio de una computadora al otro lado del Atlántico. Desde su casa en la montaña de Barcelona, entre pájaros y árboles, la cantante y compositora catalana está en uno de esos raros paréntesis entre fechas de gira y sonríe relajada: nunca deja de sonreír.