Hace unos 130 años, en diciembre de 1895, en el Salon Indien del Grand Café de París, un grupo de espectadores vio una película por primera vez. La imagen registraba una locomotora avanzando directamente hacia ellos. La leyenda dice que algunos gritaron, que otros se levantaron de sus butacas, que hubo quien creyó que el tren iba a atravesar la pantalla y arrollarlos ahí mismo. Es probable que la anécdota esté exagerada, retocada con el tiempo hasta volverse mito fundacional, pero lo que ese mito describe con precisión es algo real: la imagen en movimiento tiene la capacidad de producir una sensación corporal que no depende de que uno crea, racionalmente, en lo que ve. El cuerpo reacciona antes que el juicio. Ahí, en esa distancia entre lo que se sabe y lo que se siente, nace una pregunta que atraviesa más de un siglo de historia de las imágenes en movimiento, y que la muestra Interplay de Dudu Quintanilha vuelve a formular con otros medios: ¿qué hace una imagen con el cuerpo de quien la mira? ¿qué hacen los cuerpos que se ven adentro de esas imágenes? Estas preguntas atraviesan el trabajo de este artista desde hace décadas; la relación imagen, video, cuerpo y performance se ha interconectado desde sus primeras fotos, como aquellas fotografías que realizó mientras participaba del equipo de natación de la Universidad Di Tella, hasta el video que presenta en su reciente exhibición, donde vemos a una persona contar parte de su vida y también insultar sin parar, como si repetir esas palabras fuera una manera de rezar.



