Ainara transita los últimos meses de la escuela secundaria acompañada de sus amigas y compañeros, tomando un poco de alcohol a escondidas, sonriéndole a algún chico que le arrastra el ala, escuchando el tipo de música que suele partir las aguas generacionales. También visita un convento de monjas alejado de la ciudad y canta en un coro religioso, aunque eso forma parte de las actividades curriculares de la escuela católica a la que asiste desde muy joven. Nada fuera de lo normal para una adolescente que vive en la ciudad de Bilbao en pleno siglo XXI, excepto que un buen día, luego del regreso de ese claustro donde las hermanas rezan y dedican toda su existencia a adorar a Jesucristo, Ainara anuncia su deseo de dejar de lado los planes universitarios para iniciarse en la vida religiosa. Pasar de candidata a postulante y, Dios mediante, calzarse los ropajes de novicia. Con ese punto de partida inesperado y potente, capaz de poner patas para arriba la vida de los familiares y conocidos de la protagonista, comienza el tercer largometraje de la realizadora vasca Alauda Ruiz de Azúa, luego de su premiada ópera prima Cinco lobitos –con la cual hace cuatro años ganó el premio Goya a la mejor dirección novel– y Eres tú, una producción para Netflix.