Hay acontecimientos que tienen la propiedad de rasgar la realidad y dejar a la vista las corrientes subterráneas de la historia argentina. Lo que comenzó como la despedida íntima y colectiva a Carlos “El Indio” Solari, terminó adquiriendo, de golpe, la fisonomía de un 17 de octubre imprevisto. De pronto, entre las banderas con consignas, entre las banderas con su rostro, los rostros desencajados por el llanto y el pogo suspendido en el silencio, empezó a brotar, con una insistencia contagiosa, una demanda que parecía pertenecer a otro territorio de la memoria: “Cristina libre”.



