Un autor relata cómo una imagen y un verso entregados por un amigo se convirtieron en una presencia constante en su obra y sus pesadillas, evocando una niña de blanco y un corazón sangrante.

El escritor cuenta que un conocido le obsequió una ilustración donde una niña de cabellos negros y largos, vestida de blanco, abre un cofre y muestra un corazón aún latente y manchado de sangre. Junto a la escena, el poeta incluyó el verso “El corazón de un animal”, que quedó grabado en la memoria del narrador.

Ese motivo visual y verbal se infiltró en su novela anterior y, pese a sus intentos por borrarlo, la figura de la niña y el latido del corazón siguieron apareciendo en sus sueños y al iniciar cualquier escrito, generando una mezcla de terror, incomodidad y una extraña sublimidad que lo acompañó durante más de un año.