En japonés, la palabra sukeban significa algo así como “chica rebelde” o incluso “delincuente femenina”, y se convirtió en una importante subcultura urbana a principios de los años 70 como respuesta en estilo, actitud y pandilla a la exclusión de las mujeres en la Yakuza. Pero en los últimos años, el término se ha popularizado y devenido en distintos fenómenos pop, que ahora tiene su última encarnación en una imponente liga de lucha libre femenina. Vestidos brillantes con volados de muñecas, estética cosplay, personajes extravagantes y cabellos de fantasía en colores pastel reemplazan a aquellos hombres musculosos y agresivos que otrora dominaron este deporte performático con su estética anabólica. Eso sí: la lucha es igual de feroz, con sus patadas voladoras, llaves, golpes y saltos desde las cuerdas del ring. “En Japón, la lucha libre profesional femenina siempre ha sido más importante que la masculina”, afirma una de las creadoras de la liga, Olympia Le-Tan. “Pero todas llevan bikinis metálicos y se maquillan ellas mismas. La lucha libre tiene un público muy específico; tal vez con maquillaje, moda y manga podríamos atraer a un público diferente”. Y así fue. Parece que las chicas la rompen en todos los lugares del mundo donde van de gira, pero también son ícono de moda e incluso de arte contemporáneo, ya que diseñadores y artistas se involucran en la creación de ese mundo ensoñado donde el ring es un escenario y las luchadoras personajes tiernos y letales. En su última presentación en Nueva York hace pocos días dieron bastante material. Una pasarela donde desfilaron como modelos freak de alta costura dirigía directo hasta el ring donde las chicas iban a disputar un supuesto título mundial e incluso hubo participación de la doble medallista olímpica de boxeo Claressa Shields.


