No recuerdo su nombre porque nunca lo supe. Para mi siempre fue “la bibliotecaria”. De todos los integrantes, docentes y no docentes del plantel encargado de mi primera escuela, ella era la más alta. Su impecable guardapolvo blanco parecía una bandera de paz colgada desde el balcón de un primer piso. No sé si era maestra, pero aprendí que en la vida se puede enseñar desde diversos lugares.