El viernes 5 de junio se nos fue el Indio Solari. Amado músico cuya obra ya forma parte del acervo simbólico de los argentinos. Pocas horas después de conocida la noticia, la Plaza de Mayo se colmaba para despedir y rendir homenaje a quien como pocos supo tocar el nervio más íntimo de una Patria muchas veces marginada y reprimida. Son muchas las generaciones que cultivaron sus más entrañables afectos a partir del ritmo, las letras y el sonido de los Redondos. Líder indiscutido de ese grupo señero, no se puede pensar el transcurrir que agitaron nuestras juventudes sin ese Jijiji que acompasó el mítico pogo más grande del mundo. “No lo soñé” está en el habla que amasamos de manera cotidiana entre pasiones y contingencias. De hecho, no se me ocurre mejor antídoto ante la inercia mortífera de las pantallas que esos cuerpos amuchados para celebrar que alguien -el cantante, precisamente- los escucha.