En los primeros minutos de Psicosis de Alfred Hitchcock, una cámara sigilosa sobrevuela la ciudad de Phoenix después del mediodía. En una de las ventanas de un edificio de departamentos vemos a una pareja después del sexo mientras el resto de la ciudad descansa entre el almuerzo y los minutos previos a la siesta. “Eran las tres menos diecisiete minutos de la tarde y es el único momento durante el cual esta pobre muchacha, Marion, puede acostarse con Sam, su amante. La indicación de la hora sugiere que se priva de almorzar para dedicarse al amor”, declaraba divertido Hitchcock en sus entrevistas con François Truffaut. Un mismo plano secuencia inaugura Al anochecer, una de las películas menos conocidas de Claude Chabrol, aquel alumno ejemplar del maestro inglés. Es de su etapa más prodigiosa, a comienzos de los 70, y muestra a una pareja después del juego erótico en un edificio del centro de París. Igual que para Hitchcock, el deseo y el crimen se conectan, la cámara espía nos da el privilegio de ser testigos.


