A la gente no le gustan los Niños Gordos, ni siquiera cuando se esconden dentro de Hombres Delgados. Un Niño Gordo dentro de un Hombre Delgado nunca olvida que, en cualquier momento, puede ser descubierto. Vive ese Niño Gordo con la certeza de que hay deudas en el deseo ajeno; que todo él es una estafa: el truco del mago que no salió a tiempo del baúl, el cadáver que se agita ruidosamente, de un lado al otro, en el maletero. Los Niños Gordos se cronifican dentro de los cuerpos que habitan, como los cánceres que no mata la quimio. Nunca se deja de ser Niño Gordo. Siempre te mata el cáncer curado.


