Más tarde que temprano me tocó ser el elegido: nominación a un premio internacional. Acudí a la cita con un chofer que me depositó en el aeropuerto luego de cuatro horas de ruta. En vano intentó hablar conmigo. Me negué a conversar y cerré los ojos simulando dormir. Charly haría lo mismo. En la radio sonaba Fito tratando de seducirme con cuentitos de magos de provincia y circos exprés. Me preguntaba cómo había llegado a esa instancia de recibir un premio.



