El debate trasciende el mero ajuste financiero: la propia existencia de la universidad pública está en riesgo, mientras estudiantes, jubilados y personas con discapacidad son señalados como opositores.

El conflicto actual no se limita a la discusión del presupuesto, sino que pone en tela de juicio la supervivencia del sistema universitario estatal. Las decisiones que se tomen podrían determinar si la institución sigue operando o se ve obligada a cerrar sus puertas.

En este escenario, diversos grupos sociales, entre ellos estudiantes, jubilados y personas con discapacidad, son presentados como los principales detractores del proceso, generando una atmósfera de confrontación que complica aún más la búsqueda de soluciones.