Penosa estadía de Milei en Nueva York que siembra dudas hasta en el bloque que quiere creer

Agenda ultra y presentaciones desconcertantes ante auditorios financieros. El alerta por los "simios cavernícolas" combina con números lacerantes para la impostura optimista. La incertidumbre electoral contiene movimientos políticos y padrinazgos empresariales

Javier Milei pasó la semana laboral en Nueva York. Fue de aquí para allá en la Gran Manzana a la que asistieron decenas de jefes de Estado y Gobierno por la Asamblea Anual de Naciones Unidas. Insultos, groserías e impostaciones de voz para celebrar megalomanía sobre distintas cosas (crecimiento, ajuste o liderazgo “más grande de la historia de la humanidad”) y una única reunión bilateral con un par:Benjamin Netanyahu. “My friend!”

La foto embelesada con un gobernante con pedido de captura de la Corte Penal Internacional (CPI) y primer ministro de un Estado investigado por genocidio por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) representa de por sí un problema de política exterior. Netanyahu habló ante la Asamblea y el recinto se vació en señal de repudio, aunque el premier israelí no se quedó sólo con Milei a la hora de la foto. También recibió la mirada entusiasta de los presidentes y primeros ministros de Bolivia, Panamá, Paraguay, Etiopía, Papúa Nueva Guinea, Eslovenia y Grecia. Tal es el estatus de la política exterior argentina.

El Presidente se mueve cómodo en el club de la ultraderecha mundial. Donald Trump les concedió un encuentro en el inicio de la semana a los presidentes latinoamericanos de ese signo congregados por el denominado Escudo de las Américas, aunque podría llamarse el Escudo de Cerimedo. Casi todos los asistentes contrataron los trabajos del estratega hoy preso en Bolivia por intento de femicidio. Trump reafirmó que la ola derechista en la región se debe a su propia gestión, en el caso argentino, “dos veces”. Luce convencido de que en 2025 hubo elecciones presidenciales en el país de Milei. Pulgar levantado.

Los presidentes José Antonio Kast, Daniel Noboa, Santiago Peña, Rodrigo Paz, el dominicano Luis Abinader y Javier Milei. Anonadados ante Donald Trump en una reunión del Escudo de las Américas en Nueva York, el 22 de septiembre de 2026..

Los presidentes José Antonio Kast, Daniel Noboa, Santiago Peña, Rodrigo Paz, el dominicano Luis Abinader y Javier Milei. Anonadados ante Donald Trump en una reunión del Escudo de las Américas en Nueva York, el 22 de septiembre de 2026..

Nada útil de esa agenda. De Netanyahu no salió ninguna mención sobre Navitas, la firma israelí muy vinculada a intereses del gobernante Likud que pretende explotar el petróleo offshore en aguas de Malvinas. En cambio, el tema sí se introdujo en el diálogo entre Trump y el primer ministro británico Andy Burnham, a favor del interés del ocupante.

¿A quién le habla?

Otros círculos le abren los brazos a Milei. Como cada vez que viaja a EE.UU., el mandatario recibió un reconocimiento de una organización judía fundamentalista, pero el momento nodal de la estadía fue ante la comunidad financiera.

La agenda del Soez tuvo dos hitos en ese rubro.

El primero, el miércoles, en sede del Citi Bank, llevó como título “Valores occidentales, libertad económica y seguridad estratégica”, organizada por la fundación tucumana Federalismo y Libertad y el International Republican Institute (IRI), organización satélite del Partido Republicano.

Allí, Milei se expresó en estos términos.

“El riesgo país pasó de 3000 puntos básicos a 500, y la deuda pública consolidada cayó de niveles del 100% del producto a menos del 40%. Y el riesgo país se mantiene en la zona de los 500, sube, fluctúa, si aparecen pelotudos hablando por New York sube, obvio. Porque dicen: ”uy, no, creíamos que era boludo, pero no tanto“. Y exclusivamente por lo que el mercado de nómina riesgo kuka”.

El “pelotudo” y “boludo” aludido fue Axel Kicillof, presente en Manhattan con un cronograma paralelo esta misma semana. “Kuka” se debe a que Milei y la profusa prensa oficialista llaman cucarachas a los kirchneristas.

Al día siguiente, el Presidente disertó ante The Economic Club of New York, organización creada en 1907, que reúne a la elite económica de la ciudad.

“La historia argentina ha dado sobradas muestras que cuando gobierna cualquier otro partido, el peronismo hace lo imposible para derrocarlo, llevándose puesta la economía en el medio. Un ejemplo claro es el año 2001 y el golpe de Estado que sirvió como hito fundacional del kirchnerismo, nuestra propia variante del socialismo del siglo XXI. O sea, los socios del ladrón de Pedro Sánchez. Padecimos esta ideología por más de dos décadas y aún seguimos pagando sus consecuencias devastadoras”.

El auditorio del mundo de los negocios de Manhattan —los aplaudidores argentinos cuentan poco y nada para medir adhesión— tiene una mirada más bien positiva de las “reformas promercado” de Milei. Coincide, grosso modo, con el relato de que Argentina se distinguió por su débil crecimiento y sus tormentas recesivas debido al “intervencionismo” y “el gasto populista”.

Pese a la buena predisposición, las palabras de Milei causan desconcierto en esa comunidad, cuando restan quince meses de mandato “aperturista”.

La propalación de insultos a cualquier rival político genera gracia en trolls y bots de Cerimedo o Santiago Caputo, pero dispara indiferencia y hasta incomodidad en oídos que están entrenados en la retórica, por ejemplo, de Trump, por lo tanto saben de los exabruptos de la política. Una cosa es lidiar con el dueño del circo y otra con un agregado que llega del sur con un repertorio incivilizado.

Menos comprensibles todavía para un público que no conoce detalles de la historia reciente argentina son las reinterpretaciones sobre qué ocurrió en 2001, a lo que Milei llama —en su creciente fase antiperonista— “golpe de Estado”.

Luis Caputo, Javier Milei y Pablo Quirno: risas en Nueva York

Luis Caputo, Javier Milei y Pablo Quirno: risas en Nueva York

¿Por qué un presidente de una economía mediana como Argentina, ante un público con intereses globales, reunido en un elegante salón de Manhattan, elige como blanco a Pedro Sánchez, jefe de gobierno de uno de los principales países de Europa? Ese ataque, ¿daña a Sánchez, como Milei cree, o genera perplejidad sobre la comprensión de la realidad y la capacidad intelectual de quien debe trabajar para darles continuidad a las “reformas”? Si ese excéntrico jefe de Estado alerta que el riesgo país crece porque sus opositores son “simios cavernícolas subnormales capaces de destruir todo”, ¿crecen o se debilitan las posibilidades de obtener financiamiento a tasas normales, que no provenga de Trump, de cara a la importante agenda de vencimientos del año próximo?

Un indicio de que sólo hay más de lo mismo —ayuda teledirigida por Trump— llegó con el anuncio de un financiamiento de US$7.000 millones del gobierno estadounidense para proyectos de infraestructura, condicionados a que sean contratadas empresas del país norteamericano. Curiosidad libertaria. Para Milei, el “compre argentino” es “distorsivo”, porque obliga a privilegiar productos locales que son “ineficientes”. Sin construir cadenas de valor en el país, pasarán las inversiones que se anuncian para el RIGI con carga impositiva ridículamente baja y escaso impacto en las economías provinciales. Mientras, el “compre estadounidense” se anuncia con bombos y platillos.

La hipótesis creciente de recesión es lacerante para las predicciones de un alza de 4.5% a 5% del PBI en 2026, que sostenían hasta meses atrás el gobierno, el mercado y el FMI.

La violenta megalomanía de Milei podría ser menos trascendente si la economía argentina creciera a paso firme y sus beneficios alcanzaran los ingresos de la mayoría de la población. La salud mental del Presidente y sus ataques a científicos u organizaciones feministas, con todo lo grave que tienen, importan poco y nada a un inversor extranjero que mira opciones en tres docenas de mercados emergentes.

Ocurre que en el mismo momento en que Milei giraba por la capital financiera del mundo, las estadísticas oficiales marcaban datos muy negativos sobre la economía argentina. No sólo son de por sí están entre los peores registros desde que el ultra dirige el país, ya alejados de la “peor herencia de la historia”, por lo tanto, autoprovocados. También prenuncian que el año largo que queda por delante, incluso si se dan todos los supuestos optimistas que enarbola Javier sobre alguna recuperación del crédito y de los ingresos, quedará enmarcado en un cuadro mediocre. En cuanto a los “mejores 18 meses de las últimas décadas” anunciados por Luis Caputo en abril, ya hay advertencias atendibles de que 2026 podría terminar en recesión. Lacerante dato para las predicciones de un alza de 4.5% a 5% del PBI, que sostenían hasta pocos meses atrás el gobierno, “el mercado” y el FMI.

El estimador de actividad del INDEC de julio informó un descenso del PBI del 1,4% interanual y 2,9% sobre junio, uno de las mayores caídas intermensuales desde la crisis de 2001. Se verá si el serrucho de la economía mileísta apunta una recuperación en los trimestres que siguen, o comienza un tobogán. Más significativo todavía fue el ascenso de la pobreza a 32,3% en el primer semestre, contra 28,2% del último semestre de 2025, y una suba en la indigencia de 6,3% a 7,5%.

Índice de pobreza medido por Equilibra, bajo la metodología del INDEC y ponderada con cambios en la canasta de consumo y la percepción de ingresos.

Índice de pobreza medido por Equilibra, bajo la metodología del INDEC y ponderada con cambios en la canasta de consumo y la percepción de ingresos.

La consultora Equilibra, dirigida por Martín Rapetti y Diego Bossio, estimó la pobreza si el INDEC utilizara los parámetros de medición con la canasta de bienes y servicios actualizada al consumo de hoy —rige la de 2004, cuya actualización fue censurada por los Hermanos—, más el efecto de un cambio en el cuestionario sobre ingresos, que “capta” mejor la realidad de las familias. En ese caso, la pobreza ascendería a 44,9%, por encima del primer semestre del traumático último año de Alberto Fernández en Casa Rosada.

Esos números elocuentes cobran otro sentido a la luz de otros. La inversión del Estado nacional en infraestructura se ubica en 0,30% del PBI. Es apenas 10% de los años de Cristina en el Ejecutivo y menos de 20% de los mandatos de Mauricio Macri y Alberto, señala el Instituto Argentina Grande, que dirige el ministro bonaerense Gabriel Katopodis. El Poder Judicial no está dispuesto a perturbar en lo más mínimo a Milei, pero el derrumbe de inversión estatal supone también un problema legal, tanto por las consecuencias en vidas y acceso a derechos que deriva de la deserción estatal, como del desvío de fondos obtenidos de programas de financiamiento del BID y el Banco Mundial. Hay que retroceder a 2002, el peor año económico en décadas, para constatar una inversión tan baja en obra pública, que, no obstante, era mayor que ahora.

¿Podría la inversión privada compensar el abandono del Estado de su función básica de construir puertos, vías y escuelas? En los libros que lee el ultraderechista, sí, pero en la economía real, la inversión privada está hundida. En julio, el descenso de la inversión bruta interna mensual fue de 8,1% interanual y 3,5% contra junio. El balance inversor de los tres años del gobierno “promercado” de La Libertad Avanza asusta al más convencido.

Finanzas, agro, minería, gas y petróleo viven una fiesta de facturación y ganancias, con un Estado que les delegó la tarea normativa. Esas industrias piden y el gobierno concede reglamentaciones, decretos y leyes

La foto electoral de hoy muestra a un Milei al menos competitivo. Hay encuestas para todos los gustos, pero algunas proyectan posibilidad de reelección. Más indicios sustentan esa hipótesis. El núcleo de gobernadores que desde 2024 se autoflagela recortándose ingresos hasta niveles inauditos porque hay que “darle las herramientas al Presidente” sigue firme. Jefes provinciales de Catamarca, Santa Cruz, Misiones, Salta, Santa Fe y Jujuy lidian con números de empleo e ingresos estatales deprimentes, pero sin embargo, cuando hay que levantar la mano para leyes tan sórdidas como Inocencia Fiscal II (conocida como “ley Adorni”), lo hacen sin chistar. Hay razones confesables y de las otras para una sumisión tan extraña. Una de ellas es que algunos de esos mandatarios dicen contar con encuestas que muestran que “a Milei le dan bien” en sus provincias.

El “bloque de poder” no es enteramente homogéneo, pero tiene claro el horizonte político que prefiere.

Finanzas, agro, minería, gas y petróleo viven una fiesta de facturación y ganancias. A esos sectores beneficiados a dedo se suman nombres propios. Por caso, el Grupo Clarín, los Neuss y Manzano-Vila-Filiberti viven años de expansión extraordinarios.

Las industrias privilegiadas piden y el gobierno concede reglamentaciones, decretos y leyes. A veces, ni necesitan pedir. Tienen a sus hombres en el manejo de la botonera estatal, como confesó esta semana el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, un hombre que no logra dejar de lado la amargura que le produce que no lo aplaudan tanto como espera.

Los “perdedores del modelo” —está largamente dicho— emplean a muchos más trabajadores que los “ganadores” y ello explica la realidad de los negocios que cierran, venta de combustibles a la baja y barrios que se apagan temprano. Así y todo, entre la dirigencia de las organizaciones de industria, construcción y comercio, prima el aval al “sinceramiento” que produjo la dupla Milei-Caputo en la economía. Miles de empresas cierran sus puertas, pero hay compensaciones. Algunos pasan a ser importadores de los bienes que producían, mientras los que manejan grandes volúmenes de inversión reorientan su actividad de la siderurgia o los textiles a Vaca Muerta o el agro.

La incertidumbre electoral contiene movimientos políticos y padrinazgos empresariales. El bloque de poder argentino conjuga razonamientos y fobias similares a las que expresa Milei en las tribunas que se le prestan una y otra vez en Nueva York o Miami. A ese bloque parece hablar el ultra antes que a interlocutores extranjeros que se preguntan qué dice ese hombre procaz que animaliza a sus adversarios. ¿Sucumbirán los Hermanos en su esoterismo y la avidez incontenible por negocios como el del dulce de leche que llegaba a Olivos, o crecerá Patricia Bullrich como opción de reemplazo? ¿Se abrirá un espacio para una centroderecha más institucionalista, que “apoye lo bueno y corrija lo malo”? ¿Qué fichas moverá Macri?

Más preguntas. ¿El liderazgo menguante de Cristina dará lugar a uno nuevo de Kicillof, o la expresidenta se reinventará con alguna “jugada maestra” o un pacto no tan maestro, pero útil, con el santiagueño Gerardo Zamora o Sergio Massa? ¿U optarán los Kirchner por refugiarse en lo estrictamente propio, aun a costa de una derrota, para bloquear cualquier intento de dar vuelta la página?

SL

slacunza@eldiarioar.com