Los números son implacables y fundamentales para dar cuenta del padecimiento que está teniendo un sector de la economía que “se siente en la calle”. La crisis del consumo -que junto a la industria y la construcción son los rubros más afectados por la recesión- escala en el Gobierno de Javier Milei a niveles pocas veces vistos. Lo que en el inicio de la gestión libertaria era una preocupación de los empresarios de producción de alimentos y supermercados por la situación de las ventas, entró en un terreno peligroso. Es que la falta de rotación de productos por la caída de la demanda hizo que aumenten a niveles importantes las pérdidas de las empresas. Es creciente la cantidad de mercadería que sale de la venta y son cada vez más los consumidores sorprendidos por productos vencidos o muy cerca de la fecha de vencimiento. Esto se da en un escenario donde la oferta en comercios lleva, en algunos casos, más de dos años de caída y con sectores bajando entre 10 y 20 por ciento los volúmenes de venta interanual. En paralelo, como la crisis derrumbó un negocio de volumen que nació en el menemismo y se sostuvo parejo hasta hoy, los supermercados ajustan vía cierres de sucursales, despidos y un fenómeno inédito: para recuperar costos alquilan sus superficies para que se instalen gimnasios, canchas de pádel y fútbol.



