Las lágrimas empezaron a brotar antes de la remontada ante Inglaterra, en esos instantes en los que Lionel Messi empezaba a frotar la lámpara de su fútbol mágico, Lionel Scaloni mandaba toda la carne argentina al asador de Atlanta, Enzo Fernández preparaba su derechazo glorioso para que todos sigan hablando y Lautaro Martínez calentaba los resortes de su cuerpo y su alma para hacer el gol que soñó desde que su papá le compró los primeros botines.


